¡Hola a todos! Ya sé que prometí contaros mi aventura gastro por la capital del UK, pero esta mañana, en un ratito libre, me he puesto manos a la masa y he dado con una receta que me ha dejado maravillada. No me extraña lo más mínimo que la mismísima Ana Bolena las tuviera entre sus preferidas a la hora del postre. Enrique VIII, de hecho, se encargó personalmente de que estas tartaletas fueran nombradas en honor a sus cortesanas.

Dice la leyenda que la dama de honor (que por aquel entonces no tenían más labor que asistir a la reina o princesa en cuestión) que se encargaba de hornearlas fue confinada en el Palacio de Richmond, a las afueras de Londres, y que solo debía cocinarlas cuando el rey se lo pidiera.

El caso es que con estos pasteles ocurre algo similar a la venta de los Pastéis de Belém en Lisboa; las sirven en una cafetería que tiene el honor (o eso dicen) de poseer la receta original, que es casi un secreto de Estado. Las sirven a cualquier hora, pero generalmente suelen comerse a la hora del té, de la que quería hablaros desde hace ya tiempo.

There is tea and tea. Esta expresión la utilizó Miss Beeton, una de las escritoras culinarias más célebres del siglo XIX, para referirse a los dos tés que poseen los británicos: la bebida infusionada y la comida existente entre su ligero almuerzo y su cena contundente.

El té, entendido como bebida, llegó a Europa en el siglo XVI pero hasta 1780 sus tasas e impuestos eran tan altos que tan solo los más pudientes podían acceder a esta bebida. Si se deseaba entonces algo para beber que fuera un tanto más especial se recurría a vinos suaves como el malvasía canario. Sin embargo, a mediados del siglo XIX se democratizó el consumo de té al convertirse en un producto asequible, por lo que se convirtió en un imprescindible de la media tarde inglesa.

Se dice que el té de media tarde fue inventado por la Duquesa de Bedford, amiga de la Reina Victoria y de nombre Anna, para llenar el enorme hueco existente entre el temprano y ligero almuerzo y la cena, servida tradicionalmente entre las siete y media y las ocho de la tarde. Comenzó la duquesa a invitar a sus amigos a tomar un refrigerio a eso de las cinco, lo que se convirtió en una tendencia entre lo más granado de la aristocracia londinense.

La merienda de la duquesa solía consistir en una taza de té y algunos sandwiches o pastelitos, pero en los siguientes cincuenta años esta costumbre se puso tan de moda que evolucionó en un verdadero ritual en el que se incluyeron una gran variedad de emparedados, vol-au-vents, gelatinas y cremas. Incluso es necesario una variedad de té especialmente cultivado para este menester.

Con el tiempo el té también llegó al campo, pero allí se convirtió en un comida más sustancial; especialmente en los meses de verano cuando los labradores aún contaban con varias horas de sol y, por lo tanto, de trabajo. Bacon, salchichas, embutidos, pan y tartas son algunos de los productos que llenaban las mesas de la campiña.

El té propició, años más tarde, que las mujeres pudieran salir solas o acompañadas entre ellas, sin la necesaria participación de un hombre en sus momentos de ocio. Lo que comenzó siendo una bebida al alcance de los más pudientes evolucionó en los primeros vestigios de la lucha por la igualdad de género y consiguió que todo un país se reuniera cada día, sobre las cinco de la tarde, en torno a una taza.

Todo esto lo aprendí gracias al maravilloso libro de Caroline Taggart, “A Slice of Britain”, en el que recorre la geografía británica a través de su repostería. Fue pueblo por pueblo buscando la tradición, probando las recetas más auténticas y tratando de reproducirlo en su cocina. Awesome. Me lo compré en Books for Cooks en mi última visita a Londres, pero de esto, ahora sí que sí, hablaré en mi próximo post. ¡Prometido!

En este libro leí esta fantástica receta. Si como yo sois amantes del limón os va a encantar.Vamos allá.

Maids of Honour (Damas de honor)

Para 12 unidades

  • 250g de hojaldre (podéis comprarlo en el súper listo para usar)
  • 150g de queso crema (podéis usar vuestro preferido: philadelphia, mascarpone, ricotta…).
  • 30g de cáscara de limón confitada, muy picada.
  • El zumo y la ralladura de un limón.
  • 30g de azúcar.
  • 25g de almendra molida.
  • 2 yemas de huevo.

Precalentar el horno a 200ºC.

En un molde de 12 cupcakes o en flaneras se colocan discos de hojaldre de unos 8-10 cm de diámetro, colocándolo como si fueran cestitas. Si no tenéis cortadores redondos se pueden cortar con el borde de un vaso perfectamente. Se mezcla en un bowl todos los ingredientes del relleno y, cuando está la masa lisa y bien integrados todos los ingredientes se echa una cucharada sopera (una y media como máximo) dentro de cada uno de los huecos del molde. Introducir éste en el horno durante unos 20 minutos.

Con ayuda de un tenedor y con cuidado de no destrozar el hojaldre, sacar cada una de las tartaletas y colocar sobre una rejilla para que se enfríen bien y no queden chiclosas. Espolvorear con azúcar glass y comer cuando aún estén un pelín templadas.

¡Están bueníiiiiisimas! Creo que esta tarde las llevaré a la tienda en la que trabajo, para que las chicas que vienen al curso merienden.

Keep Baking!

Cris

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