¡Hola a todos!

En primer lugar quisiera pediros perdón por esta ausencia tan prolongada. La verdad es que mi trabajo y mis estudios han acaparado gran parte de mi tiempo, pero con el paso del verano y gracias a ciertos cambios laborales creo que, a partir de ahora, voy a poder actualizar el blog con mayor frecuencia.

El caso es que en los últimos meses no he tenido la oportunidad de viajar a UK. Como ya os he comentado en alguna ocasión y, si no ha sido así, como habréis podido intuir, soy una enamorada de la cultura british, y cada vez que junto cuatro duros abro SkyScanner y me pongo a buscar vuelo para viajar a Londres. Ya estoy intentando cuadrar fechas para ir en las próximas semanas y que me sirva, además de para descubrir nuevos rincones, para huir del asfixiante calor de Madrid. 

Lo cierto es que, de todas las veces que he visitado Londres, tan solo dos fueron en verano. La primera ocasión fue hace ya ocho años. Fue la primera vez que cogí un avión y que viajaba al extranjero (sin contar las pequeñas excursiones que hice en familia durante mi adolescencia al País Vasco francés). Y aluciné con todo, claro. Con las tumbonas a rayas en los parques, con el ansia de los locales por que su piel recibiera cualquier rayo de sol que se atreviera a salir y por su afición a la cerveza en los afterworks.

En mi segunda visita veraniega a Reino Unido, algo precipitada y con una historia detrás que os contaré en otra ocasión, tuve la oportunidad de visitar Cardiff, la capital de Gales. Me enamoró su ambiente, su complejo de ciudad pequeña y su mercado. Éste último se encuentra algo escondido tras unos muros de ladrillo que lo hacen pasar desapercibido, y allí, en un puesto enorme, compré media docena de Welsh cakes, unas galletas locales cuya peculiaridad radica en que no se hornea, sino que van cocinadas sobre una plancha y de las que compartiré la receta un poquito más adelante. Y de allí me traje, además, varios libros sobre cocina británica, como suele ser habitual en mi.

El caso es que revisando esos libros e intentando aplicar las recetas a lo que tenía ahora mismo en la nevera he encontrado un tea loaf que no podía dejar pasar por alto porque cuenta con una de mis frutas favoritas entre sus ingredientes: la frambuesa. Aprovechando que están de temporada en España y que tengo una cajita siempre que puedo en el frigo, os dejo con esta delicia dulce de toques ácidos.

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Raspberry, lemon and yogurt tea loaf

Receta del libro The Great British Farmhouse Cookbook

Para un bizcocho de un kilo:

  • 250g de harina
  • 2tsp de levadura química
  • Una pizca de sal
  • 115g de mantequilla a temperatura ambiente
  • 225g de azúcar
  • La ralladura y el zumo de un limón grande
  • 2 huevos (si son L mejor)
  • 100g de yogurt natural
  • 25g de almendra molida
  • 200g de frambuesas
  • 100g extra de azúcar

Precalentamos el horno a 180ºC. Engrasamos un molde de bizcocho rectangular y lo forramos con papel de horno.

Tamizamos la harina junto a la levadura química y la sal y reservamos. Comenzamos a batir los 225g de azúcar con la mantequilla, que debe estar blanda, hasta que tome un tono pálido. Agregamos entonces la ralladura de limón. Añadimos los huevos, uno a uno, e incorporamos entre uno y otro una cucharada de harina reservada. A esta mixtura le agregamos la harina en tres veces y el yogurt en dos, alternando una con otra y terminando con la harina. Finalizamos esta masa con las almendras molidas.

Colocamos un tercio de la masa en el molde para bizcocho y lo repartimos bien con una espátula. Colocamos por encima un tercio de las frambuesas y repetimos esta operación dos veces más, terminando con una capa de éstas en la parte superior del loaf. Horneamos durante 45-50 minutos, hasta que esté ligeramente dorado, y lo cubrimos con papel de aluminio para que continúe en el horno otros 20-25 minutos más, hasta que al introducir un palillo en el centro del pastel salga limpio.

Sacamos el bizcocho del horno y dejamos que se enfríe durante 5 minutos. Mientras mezclamos el zumo de limón con los 100g de azúcar extra que teníamos y lo vertemos sobre el loaf, que no habremos sacado del molde, y prestando atención a no derramar por fuera éste sirope. Dejamos que empape bien durante 5 minutos y lo desmoldamos con cuidado. Lo dejamos enfriar sobre una rejilla y, más tarde, le quitamos el papel de horno con el que habíamos forrado el molde. Podemos espolvorear por encima un poco más de azúcar a modo decorativo. Cortadlo en rebanadas no demasiado gruesas (¡así dura más!).

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Este riquísimo bizcocho permite que, en lugar de usar frambuesas, utilicéis moras o arándanos frescos para poder variar en cuanto a sabores.

¡Por cierto! Tengo preparadas más novedades de cara a este nuevo curso… pero tendréis que esperar unos días para conocerlas.

Mientras tanto… Keep baking!

Cris

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2 comentarios en “He vuelto. I’m back!

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